Monográficos

Yuri Andrukhovitx | Ivan Manko

Hoy me voy a permitir empezar este post sin muchas florituras. Hay personas que no necesitan presentación. Gracias Ivan por el descubrimiento.

Escrito por Ivan Manko

Una cita

«— De què van els seus poemes?

— Del silenci que es fa cinc minuts després d’una explosió nuclear.» [Perverzión, 1997]

Dos ediciones

Si bien me gustaría escoger dos ediciones para recomendar, la cruda realidad es que solo hay una traducción y edición de la obra de Andrujovich, en la colección de Acantilado. Me gusta, no obstante, que así ahorremos tanto tiempo escogiendo como espacio para hablar de la obra.

andrujovich

No obstante, para todos aquellos posibles lectores sí poliglotas pero no conocedores del ucraniano, el mismo Andrujovich se traduce al ruso y vigila de cerca las traducciones alemanas, en parte por si dominio de esta lengua y por cierta predisposición general – que se nota, por ejemplo, en los premios que se le han otorgado Herder Prize, 2001, Liepzing Book Fair Prize for European Understanding, 2006, Hanna Arendt Prize, 2014, Goethe Medal 2016—.

¿Qué tiene Andrujovich?

Por suerte o por desgracia, a Andrujovich le toca llevar el cartel de la postmodernidad, con el que parecería estar todo dicho. ¡Y de que poco sirve decir que su perspectiva de la postmodernidad no siempre suele ser – ¿podemos decirlo? – canónica, teniendo en cuenta lo fácil que resulta incluir esto también en la postmodernidad! Puede que sea más rico hablar de algún otro post- que también forma parte de Andrujovich, como el postcomunismo.

En cierta medida sus novelas Recreaciones, 1992, Moscoivada, 1993 yPerverzión, 1997 se pueden considerar una trilogía sobre un mundo caótico e infinitamente particular como fueron los años postcomunistas, en este caso, en Ucrania. Poetas de renombre, borrachos, fiestas, recitales, viajes, noches, prostíbulos, palacios, transformaciones, óperas, montañas, discusiones, músicos, enamoramientos, suicidios, estaciones, pícaros, despropósitos, asesinatos, Chryslers Imperiales, zars, directores pornográficos, infidelidades, ternuras, absurdidades, erudición, ignorancia, genialidad y estupidez constituyen una red más compleja de la que sabría mostraros yo.

Los tres libros son un crescendo postmoderno hasta Perverzión, hacia una lectura que no me atreveré a llamar fácil pero que tolera y sabe recompensar también una aproximación lúdica y casual. Y aún otra cosa que se recompensa es una lectura del conjunto, no solo en esta trilogía – que debe su unidad más a las lecturas que no a su redacción – pero también entre otras obras como Doce Anillos, 2003; pequeños momentos en que te das cuenta que hay cosas que se entrecruzan, que hay detallitos, una marca, una situación, un rasgo narrativo que reconoces, que quieres asociar al escritor, que quieres remarcar que se repite, que hay cosas que se le escapan, que le empiezas a entender, pero no. Es entonces cuando el escritor mismo te muestra que es una  trampa, que era un juego. ¿Qué tiene Andrujovich? Estos pequeños placeres.

Un personaje

Este personaje tendrá que ser Stanislav Perfetsky, un personaje tal que si enumerara aquí todos los nombres que tiene en su novela no me quedaría espacio para nada más. Un personaje que, lejos del juego etimológico, está perdido en sus nombres, en su poesía, en sus deudas, en su música y en una Venecia nebulosa y condenada a perecer. En una novela como es Perverzión – ya de por si una perversión de perversión –, nuestro personaje Carpa Amorenski es una especie de Orfeo moderno, que recorre la ciudad tocando multiplicidad de instrumentos, conociendo gente y escapando de ella, haciendo el amor y destruyéndolo, opinando y absteniéndose de hacerlo, todo sobre la idea de participar en el seminario El absurdo postcarnavalesco del mundo: ¿qué hay en el horizonte?, en un mundo en que, dice el libro, “…vivimos bajo el signo del triste prefijo post- ”.

Es Rajmanski un personaje tan vacío que solo por tenerlo que llenar tú mismo inevitablemente lo aprecias, y tan complejo que tienes que renunciar a entenderlo. Y es en esta dualidad en que lo acompañas hacia el inevitable final que puede encontrar en Venecia un personaje que se llama Jonás Pez. La cita del principio, naturalmente, es suya.

Si te ha gustado Andrujovich te gustará…

Hablando de un escritor contemporáneo prefiero mirar al pasado, a las claras, manifiestas y admitidas continuidades tanto temáticas como estilísticas que establece Andrujovich. Escogeré, no obstante, dos: por un lado el primer y fantasioso Gógol, el Gógol de Historias de San Petesburgo, en particular de los conocidísimos y muy recomendables relatos La nariz y El abrigo, relatos que sorprenden con la frescura con que nos llegan desde la primera mitad del XIX. Y por otro lado pero en una línea parecida, al Bulgakov de El maestro y Margarita, una excusión magnífica de una idea igualmente sugerente: que aparezca el demonio en una Rusia soviética y declaradamente atea. Todas estas son obras magistralmente ejecutadas, desbordantes tanto de imaginación como de desagradable realidad, serias, despreocupadas y divertidas, siempre que no se indague en el porqué.

 

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