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Sobre las oportunidades, los libros y el café

Hoy no voy a escribir sobre libros, ni sobre marcas, ni sobre literatura infantil… hoy os traigo noticias frescas (y como siempre altas dosis de ilusión). No es la primera vez que os lo digo, y al final me da la sensación que os repito mucho las cosas pero el proyecto en que se está convirtiendo Lletraferits poco a poco (y con buena letra) me está reportando una felicidad inmensa, a través de las personas que me seguís por Instagram y todos aquellos que leéis el blog.

Éste quiero que sea un lugar para hablar de libros, no tanto de mí, pero si todo el fenómeno blogging se ha hecho tan y tan popular es porque somos humanos y no podemos evitar comunicarnos y compartir. Y yo me estoy sintiendo muy cómoda compartiendo esta parte de mí con vosotros.

Este fin de semana se ha celebrado en Barcelona el Utopía Market de Poesía en el barrio del Poblenou. Es un modelo de festival muy interesante, que hasta ahora se había celebrado en ediciones basadas en la fotografía y en la Ilustración.

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En esta edición han querido poner todo el protagonismo en la poesía, suena bien, ¿Verdad? Durante este fin de semana se han llevado a cabo conciertos, recitales, actividades, muestras de editoriales… Y como decimos aquí, ¿qué es un buen libro sin un buen café? Los encargados de llevar la bebida a esta fiesta literaria han sido los de Cafés El Magnífico (que para los coffee lovers es simplemente el paraíso).

A la hora de elegir cuál de sus mezclas llevarían a Utopía lo tuvieran claro, sólo podía ser uno: el Balzac. Una mezcla de cafés asiáticos y centroamericanos que rinde homenaje a uno de los grandes amantes del café y uno del más grandes escritores de la literatura universal.

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Y como a mí Balzac no me gusta nada y Claudia Sans lo sabe, me propuso escribir un texto sobre la relación entre Balzac y el café. Después de días, entusiasmo, de sudar ilusión, de tensión, de miedo y de repetir, repetir y repetir, salió esto.

“Las líneas al principio reposadas y cuidadosas, van hinchándose como las venas de un colérico, se tambalean, cobran ritmo más acelerado, se excitan y se exaltan convulsivamente, maculadas todavía por las huellas del café con que el poeta espoleaba y ponía al galope sus nervios fatigados”. Stefan Zweig ha sido quien mejor ha retratado este Balzac inquieto, nocturno, desvelado por el café a medianoche, enajenado por el suicidio de uno de sus personajes. Sabemos que bebía una cincuentena de tazas de café al día. Sabemos que dormía cerca de cuatro horas. Dicen que el café terminó matándolo. ¿Cómo habría podido escribir Balzac todo lo que escribió sin la cafeína? ¿Cómo habría podido confundir los límites translúcidos entre el mundo real y el mundo de la ficción? Renunció a toda vida, a todo amor y a toda pasión terrenal a cambio de la obra monstruosa que creó. A cambio de vivirlo todo a través de sus personajes. A cambio de terminar dibujando toda la comedia humana en los metros cuadrados de una habitación. Sólo quiso conservar una pasión, un vicio de este mundo: el café.”

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Gracias Claudia y gracias Cafés el Magnífico por esta oportunidad. Habéis hecho un regalo de reyes con ello. Aprovecho para recomendaros muy fervientemente el libro de Stefan Zweig Tres maestros (Balzac, Dickens y Dostoievski), libro del que está extraída la cita que acompaña el principio del texto y que es una joya, un monumento a la literatura. Y que es la invitación más seductora que nadie podrá hacerle más a la lectura de estos tres genios.

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