Monográficos

Lev Tolstoi | Ivan Manko

Tal día como hoy de 1828 nació Lev Tolstoi, y nadie mejor que Ivan para hablar del novelista. De hecho, este monográfico está acordado desde el momento que decidió formar parte de Lletraferits con su primer monográfico. Muchas gracias otra vez, Ivan.

Una cita

« La vejez es la sorpresa más inesperada de la vida.»

Dos ediciones

A la hora de adquirir un libro de Tolstoi –a parte de tener que hacer espacio en la estantería- es conveniente fijarse en las traducciones y pensar que lo único bueno de desconocer el ruso es no experimentar nunca aquello que uno se pierde. Muchas de sus obras se publican por primera vez en catalán o castellano en los años 20 o 30, ya muerto el autor, y la gran mayoría de estas traducciones son indirectas, normalmente del francés, y pueden arrastrar censuras, desde Rusia, pasando por Francia, y hasta España. En las últimas décadas, no obstante, se han traducido de nuevo, y con mejores resultados, sus obras más importantes.

Como edición de tapa blanda, y como excelente introducción a Tolstoi –según algunos es su mejor obra-: Els Cosacs, en la traducción de Francesc Permanyer y editada por Proa, quien hizo la importante labor de introducir a Tolstoi ya desde los años 20. Y en tapa dura, Relatos de Sevastopol, donde narra sus experiencias como militar, traducida por Marta Sánchez-Nieves y editada por Alba Clásica.

¿Qué tiene Tolstoi?

Cinco años después de la muerte de Alfred Nobel, el 1901, se anunciaron los primeros premios Nobel, y el de literatura fue para Sully Prudhomme. En la concepción popular y en la opinión de la crítica era tan abslutamente inconcebible que no fuese Tolstoi el galardonado, que la reacción fue no menos que un escándalo. Hay quienes culpan de esto a un espíritu de antipatía general hacia Rusia por parte de los suecos, pero la verdad es que 42 autores, artistas y críticos suecos se sintieron obligados a escribir una carta a Tolstoi para marcar distancias respecto con la Academia sueca y decir que todos ellos creían firmemente que el premio debía haber sido suyo. A su vez, los diarios decían que los miembros de la Academia sueca eran «artesanos injustos y literatos aficionados».

Ya en vida, Tolstoi era un titán, y hasta hoy no ha cedido ni ante el canon ni ante el pobre Prudhomme. Tolstoi era sin duda un virtuoso de la literatura i del espíritu humano y sabia tocar con agilidad y maestrazgo todas las cuerdas de la experiencia humana desde la salvaguarda del realismo literario, desde una artificiosidad tan compleja que el resultado es difícil de distinguir de la realidad; como decía Thomas Mann sobra su obra, «rara vez el arte se ha comportado de manera tan parecida a la naturaleza». Pero su figura, tan eminentemente decimonónica en nuestro imaginario, ¡llega a solaparse con el manifiesto futurista de 1909! Hay quien, como Eugeni d’Ors, lo considera un anacronismo, un hombre de otra época, pero lo que sí era impensable era despreciar su obra, que ha sido elogiada por autores plenamente decimonónicos como Gustave Flaubert hasta autores rompedores e innovadores como Joyce, que hablando de Tolstoi decía: «¡no es nunca aburrido, nunca estúpido, nunca cansado, nunca pedante, nunca teatral!».

Preguntas qué tiene Tolstoi es difícil porque leer una obra suya no te deja con la sensación de haber leído una historia en la que el autor ha seleccionado los momentos críticos para entenderla, sino con la sensación de haber vivido una toda una vida con toda su infinidad de detalles y riqueza de matices, en la que l que hayas extraído depende solo de ti. Como decía Isaak Babel, «si el mundo se pudiese escribir a él mismo, escribiría como Tolstoi». Es difícil decir qué tiene Tolstoi porque lo tiene todo.

Un personaje

Decía Tolstoi que «el héroe de mi cuento, a quien quiero con toda la fuerza de mi alma, a quien he procurado retratar con toda su belleza, quien ha sido, es y será bello, es la Verdad». Y este héroe se ha encarnado en miles de personajes, es conocido que en la monumental Guerra y paz participan casi seis centenares. Y del enorme abanico de personajes de los que dispongo, me permito una decisión más personal que representativa en la forma de Dmitri Olenin, el protagonista de la primera novela que escribió Tolstoi. Olenin es un joven militar que abandona la capital buscando nuevos comienzos en el servicio en el frente. Lo que encuentra, en la convivencia con los cosacos del Térek, es amistad, folklore, liberación y, sobre todo, una nueva actitud hacia la vida, una actitud menos concupiscente, menos formalista, más emcoional y desenfadada. Y en esta tensión entre el militar de capital, racional y de etiqueta, y el nuevo cosaco sensual que encuentra dentro de sí mismo, Olenin se enamora de una cosaca. Metido en los combates y acosado por dudas morales  y existenciales, el joven Dmitri sufre el inevitable avance del tiempo.

Si te ha gustado Tolstoi te gustará…

Si te ha gustado Tolstoi en su totalidad, en su infinidad de variantes y motivos, en toda su complejidad y sus centenares de páginas, dice la probabilidad que te gustará toda la literatura en mayúsculas. Pero, sobre todo desde nuestra perspectiva peninsular, Tolstoi es un autor arquetípicamente ruso, de novelas voluminosas y argumentos tristes. Incluso con esta concepción, sin tratar de desmentirla, se pueden encontrar autores que también encajan, tanto en estereotipo como –casi, casi- en calidad. Por un lado, el archiconocido Fedeor Dostoievski –quien consideraba a Tolstoi el mejor novelista vivo-, con novelas como Crimen y castigo o El jugador, enorme talento y psicólogo; dicen algunos, el mejor conocedor del alma humana. Y por otro lado, el menos reconocido Ivan Turgenev, mucho más occidental y para nada eslavófilo, cosa que le provocaría algunas discrepancias con Tolstoi. Su magistral Padres e hijos representa, aparte de cierto conflicto generacional, la entrada del nihilismo en Europa a través del personaje de Basarov.

 

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