Monográficos

Italo Calvino | Marc F. Cuyàs

Una cita

«El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.» [Las ciudades invisibles]

Dos ediciones

 Si hablamos estrictamente de las ediciones, dejando de lado su contenido (que en cualquier caso será excelente), recomiendo en TAPA DURA la edición de Marcovaldo publicada por Los libros del Zorro Rojo, ya que sus ilustraciones captan a la perfección qué significa vivir en una sociedad capitalista, liberal y feroz para un simple obrero, aunque sin perder nunca el optimismo y la sencillez de vivir.

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Los libros del zorro rojo

En TAPA BLANDA me siento tentado a hablaros de las ediciones ilustradas para niños que la editorial Mondadori ha hecho de muchas obras de Calvino, para acercarles un autor que seguro les gustará si pierden el miedo a la lectura. No obstante, si no puedes leer en italiano (como un servidor) os recomiendo las ediciones de Siruela, que son elegantes, útiles y cercanas.

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Ragazzi Mondadori

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Siruela

¿Qué tiene Calvino?

Calvino tiene, por encima de todo, ilusión. Es uno de esos autores llenos de optimismo que pueden alegrar el día a cualquiera con sus narraciones (y también sus reflexiones) llenas de humor y de fantasía. Es ingenioso, lúdico, juguetón, casi travieso. Le encanta jugar con los lectores y con sus propios textos. Y si no os lo creéis, una buena manera de verlo es leyendo Si una noche de invierno un viajero, un ejercicio divertidísimo acerca del papel que juega la literatura y la lectura en nuestras vidas.

Otro aspecto a destacar es su sensibilidad. Una sensibilidad por las cosas pequeñas, del día a día, que sorprende. A él no le interesan las grandes obras de arte, de la Humanidad, si nadie las entiende, si nadie las disfruta: en definitiva, si están muertas. Por eso se fija en las vidas minúsculas, en las cosas banales, cotidianas, y nos propone imágenes que no nos esperamos cuando habla, por ejemplo, de un día de Navidad en una casa pobre o de las cartas del tarot, la vida encima de un árbol o del césped de un jardín japonés- Calvino pretende poder llegar a todo el mundo sin renunciar a la inteligencia, pero tampoco a la felicidad de escribir. Precisamente por esto, Calvino es un autor que gusta mucho a niños, a adolescentes, adultos y mayores. Porque está entre la visión inocente de los primeros y la nostalgia dulce de los segundos.

Un personaje

Para mí, el mejor personaje de Calvino -y si se me permite la licencia- es la arquitectura. La arquitectura está presente en cualquier libro de Calvino de una manera viva y espléndida: brillando por encima de todo lo demás. Así, Calvino, estaba al tanto de todo lo que estaba sucediendo en ese campo y a través de sus libros nos enseña qué piensa sobre todo esto y sus reflexiones son profundas, de una gran potencia intelectual.

El caso más paradigmático de la arquitectura como protagonista es el que encontramos en Las ciudades invisibles. Es un librito precioso formado por narraciones cortas donde se nos describe, en cada una, uno de los muchos lugares que visita Marco Polo por el imperio mongol de Kublai Khan. A lo largo de los años he ido recomendando mucho este libro y nunca me he encontrado a nadie que me dijera que no le había gustado, al contrario, que lo habían encontrado maravilloso.

A veces nos olvidamos de que la arquitectura (y esto es lo que respondo cuando alguien me pregunta por qué me gusta tanto) nos condiciona la vida, la manera de relacionarnos, de trabajar, de disfrutar. La arquitectura, sea en forma de obstáculo o de vacío, nos conduce de la manera que ella decide, sin preguntarnos realmente a dónde queremos ir. La arquitectura lo domina todo y lo hace sin que nos demos cuenta; y todo esto nos lo demuestra Las ciudades invisibles. Nos enseña que ella, la Arquitectura, hace lo que quiere con nosotros y nos transforma la manera que tenemos de ver el mundo. Y si esto lo juntamos con la visión del mundo de Calvino, tierna, fantasiosa y desinteresada, se nos proporciona uno de los mejores libros del siglo XX, sino de la historia.

Espero, con esto, que cuando uno lea a Calvino, vea que las calles, los monumentos, los parques, los caminos, los templos, y en definitiva, la ciudad, no están ahí por casualidad, no es un telón de fondo, sino que es lo que, omnipotente, lo controla todo.

Si te ha gustado Italo Calvino, te gustará…

Evidentemente, Umberto Eco os encantaría, creo, porque son se parecen mucho estilísticamente; la arquitectura también está siempre muy presente, es igual de juguetón que él. Pero no quiero ser pesado (siempre termino hablando de Eco) os recomiendo otros dos cuentistas.

Si lo que más os ha gustado de Calvino es su juego, su ingenio, la manera de darle la vuelta a las cosas, os recomiendo cualquier antología de cuentos de Jorge Luis Borges, puede que el referente de toda una generación de escritores (no en vano el bibliotecario de El nombre de la rosa se llama Jorge de Burgos). A Borges, el adjetivo que pueda que le defina con más justicia es el de “interesante”.

Si en cambio, lo que más os ha gustado de él es este optimismo, esta manera sencilla de ver la vida, os recomiendo que leáis a un autor de aquí, que seguro que conocéis pero que a menudo no se le da la importancia que merecería. Pere Calders, considerado por muchos el Borges catalán, comparte con Calvino esta visión tan mediterránea del mundo, tan mágica y lo hace con cuentos breves llenos de humor y genialidad.

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