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El jardín secreto, Frances Hodgson Burnett

¡Hola a todos!

Llevaba demasiado tiempo sin escribir por aquí pero espero ir recuperando el ritmo (sobre todo ahora, que ya no estoy sola, y poco a poco podréis ir conociendo a personas que nos acompañarán en los próximos meses en el blog).

Sabéis que uno de los pilares de este blog para mí (o siempre he intentado que así sea), es la importancia, la consideración y la defensa de los clásicos. Por eso, cuando empecé a meterme en el mundo de la literatura infantil (porque sí lletraferits, es todo un mundo), decidí que leería, además de los fantásticos libros que se publican actualmente, todos los clásicos que pudiera.

Cuando era pequeña y salía de mis clases de ballet solía quedarme un rato por la biblioteca. En una de esas llegó a mis manos la película basada en esta novela. Solo recuerdo que me dejó maravillada. Como no tengo precisamente el don de la memoria, me olvidé del título, hasta que un día leí una contraportada y descubrí que en realidad esa historia siempre había estado ahí en forma de libro.

Y sin alargarme más, ¡vamos a hablar de libros!

La caracterización de los personajes: el pilar de la obra

“Permaneció inmóvil sobre el suelo de piedra, con el aire de una sombra negra, pequeña y fuera de lugar, y se sintió tan pequeña, perdida y fuera de lugar como parecía”.

La obra no tiene precisamente una trama muy frenética: una niña huérfana va a vivir a casa de su tío en Inglaterra después de la muerte de sus padres en la India a causa de una epidemia. Como bien indica el título, el jardín – aparentemente secreto – será el núcleo de la historia. Evidentemente no hay ningún tipo de engaño: el jardín es el protagonista en cuerpo y espíritu. ¿Y por qué digo eso? Lo es en cuerpo porque es el gran escenario de la novela, el escenario del correr de los días. Y espiritual porque es el jardín y en última instancia, la naturaleza, el que marca los tempos y la gran transformación de los personajes.

Porque si el florecimiento del jardín es el protagonista, también lo es el florecimiento de los protagonistas. Mary, una niña malcriada y bastante insoportable, y Colin, un niño enclenque que cree que se va a morir de un momento a otro, gracias a la presencia del jardín y de Dickon – un niño pobre que encarna el mismo espíritu de la naturaleza y de la persona despierta, conectada con la tierra – conseguirán vivir este renacer, este fortalecimiento y este despertar.

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Una tensión histórica

Nos encontramos – como muchas obras que han conseguido frenar el paso del tiempo – con una tensión entre una mentalidad de época y la modernidad en el tono de la narración. Por un lado, no podemos ignorar que hay elementos que nos parecen superados, que nos chirrían, sobre todo en cuanto al tratamiento de los indios y los negros, con una mentalidad aún bastante colonial. Lo que no podemos negar tampoco es que consigue hacer un retrato de las tensiones históricas con respecto al género, la clase social y la nacionalidad.

Es de agradecer, aunque sea hilar mucho, que la histeria sea por fin en este libro una característica masculina. Esta enfermedad, tan desafortunadamente atribuida a las mujeres durante tanto tiempo, sacude a Collin. Y será el jardín y el poder de renacimiento de la naturaleza, los que conseguirán transformar a los niños.

El poder del lenguaje

«Durante este siglo aparecerán cientos de cosas aún más sorprendentes. Al principio la gente no quiere creer que sea posible algo nuevo o extraño, después comienza a desear que lo sea, y finalmente se da cuenta de que lo es; entonces ya existe y todo el mundo se pregunta porque no se había hecho siglos antes. Uno de los descubrimientos del siglo pasado fue que los pensamientos, los simples pensamientos, son tan poderosos como las pilas eléctricas, y que pueden ser tan beneficiosos como la luz del sol o tan perjudiciales como el veneno»

Y cuando pensaba que la teoría literaria me había hecho perder completamente la cordura y veía referencias por todas partes, justo al final del libro me encuentro este fragmento. Pues sí, si finales del XIX reivindica el lenguaje, el siglo XX será la gran explosión. Y el personaje de Collin es el ejemplo perfecto de todo esto. Un niño que se cree jorobado, histérico y moribundo. Un niño que está tan convencido de ello que llega a estarlo de verdad.

Porque el lenguaje lo es todo. TODO. Y si una mentira, una convención, una creencia, es repetida muchas veces por muchas personas, se convierte – tristemente – en una “verdad”. Es la reivindicación del lenguaje como productivo, como generador de pensamiento e incluso, de realidad.

Puede que, si desde pequeños nos hicieran captar la magia o el poder del lenguaje, hoy nos abstendríamos de decir según qué cosas, utilizaríamos las palabras con el mismo cuidado con el que se emplean las armas.

Una novela tierna, bien lograda y sobre todo, apto para todas las edades. No lo toméis con el prejuicio de la etiqueta «literatura infantil / juvenil». Disfrutadla y ¡dejad vuestra opinión en comentarios!

Mientras leía la novela encontré, por el maravilloso mundo de Etsy, a Sarah Trumbauer. Os dejo el preciosísimo relato que nos corresponde, pero os invito a que echéis un vistazo a su tienda. ¡Es delicadeza y amor! (Os dejo aquí el link a su tienda).

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Nos leemos la semana que viene…

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