Monográficos

Cesar Aira | Marta Navarro

Una cita

«Hay algo maravillosamente práctico en el salto al infinito, y cuanto antes se realice mejor».

[«El infinito», El cerebro musical]

Dos ediciones

En el caso de César Aira, hablar de ediciones es empezar a hablar de literatura. La obra completa del autor, que cuenta – hoy por hoy – con más de 80 títulos publicados en aproximadamente 30 años, se encuentra disgregada en diferentes editoriales que dificultan la expresión moderna de «obra completa». Algunos de sus títulos se repiten en varias colecciones, otros tuvieron una corta salida y no han vuelto a ser editados, hay cuentos recogidos en diferentes ediciones en diferentes editoriales, y siguen apareciendo constantemente nuevos títulos en las librerías. Dado que Aira utiliza muy a menudo el mencanismo de la autobiografía, la cubierta es desde el principio parte de su juego, tal vez en forma de un analógico y redundante mostrador.

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Foto: Me gusta leer

Si tuviera que decantarme por una apuesta segura escogería alguna de las ediciones de Literatura Random House. El cerebro musical es un buen conjunto de narraciones que sirven como pie – en el ciempiés amorfe de Aira – para entrar en contacto con su voz. Un relato menos conocido de Aira, pero con un encanto especial, me parece que es Dante y Reina, que tiene dibujos, a Mate. Sin duda sería también una decisión sensata para dejarse ganar por el autor.

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Foto: Mansalva

¿Qué tiene César Aira?

Entrar en la literatura de César Aira es entrar en un juego y es el juego de lo real. Lo real tiene lugares, nombres, cosas, historias. El problema de lo real solo aparece cuando empezamos a hablar. La dificultad aparece a la hora de hacer las historias. Pensando en cómo describir su narrativa, me aparecía la palabra «onírica». Todas las cosas, los nombres y los lugares tienen una especie de sustancia extraña en el sueño, pero es especialmente en el encadenamiento cuando sospechamos que algo no funciona. Esto no nos hace  temblar directamente, si no que son las cosas en sí las que atemorizan. Pero cuando ese enlace deja de tener sentido porque nos hace vivir contradicciones, puede aparecer una ligera incomodidad por un desplazamiento que no esperábamos y no queremos.

En este espacio actúa la narrativa de Aira: todo tiene y no tiene sentido. Todo es generalmente posible, pero tanto remotamente, en un extremo tan inesperado, que es casi repugnante que nos presente de este modo las posibilidades más extremas de lo que vivimos, especialmente en los espacios más cotidianos y tiernos, a los que estamos acostumbrados. Aira habla del real, pero sobre todo habla del encadenamiento del real.

Esto implica la pesadilla evidente? No en Aira. Es más afable, genera la risa. Como la carcajada de los niños ante lo que no pueden comprender. Pero en la adulta autoconsideración ilustrada, existe un sueño, que no es pesadilla, y despierta monstruos. El estilo de Aira es ligero y bonito, preciso en los matices de las dudas y a veces, de la duda por la contradicción de las precisiones. Necesitamos historias y Aira lo sabe, nos da a montones: sacerdotes que se niegan a bautizar formas que no saben reconocer, punks que proponen amablemente follarse a chicas gordas por la calle, niños que quieren crear una revista literaria y acaban obsesionados con el número decimal que debe aparecer en la portada y, contando con la magnitud de su obra, unos cuantos personajes más.

Es curioso señalar un personaje muy recurrente que es el propio César Aira. El mecanismo de la autobiografía y la autoficción está más que trabajado por muchos otros autores contemporáneos a Aira pero, si se me permite, como lectora creo que Aira sabe explotar el elemento que otros autores esconden, dándole seriedad. Para Aira, la autoficción no es un género digno, es una broma. Pero esta es la belleza, la delicadeza y la apuesta rotunda del relato cómico de lo real, ante el que la risa es la única respuesta.

Un personaje


Es muy difícil no decir que el mejor personaje con diferencia de la novelística de Aira es el que aparece en el relato autobiográfico Cómo me hice monja. No he recomendado este libro donde Marina me insta a recomendar dos ediciones, aunque debería haberlo hecho, porque sino me repetía en esta parte. Sería interesante que lo leyeran porque está muy bien escrito y porque es un clásico. Va de una niña-niño que quiere ser monja y lo asesinan; Vale mucho la pena. Ah, y es César Aira.

Si te ha gustado César Aira te gustará…


Me apetece mucho recomendar libros que hacen reír porque creo que son geniales y muestran un dominio novel·lísitico muy excitante. Debemos compartir el mismo tipo de humor, es cierto, pero confío en que sí. En este caso recomendaría La hermandad de la uva, de John Fante y Oliver VII, de Antal Szerb.

Foto portada: Infobae

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