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¿Leer mucho o leer mejor? La promoción de la lectura empieza en casa

«No es sencillo motivar a niños y jóvenes en una actividad que requiere tiempo y constancia, y menos en un momento lleno de otras posibilidades que casi se promocionan solas. Y para que esto sea posible sería bueno que todos asumiéramos nuestra parte de responsabilidad: padres, maestros, bibliotecas, librerías, medios, autores, gobernantes … No vale cargar todo el peso en los centros educativos y mirar hacia otro lado, una estrategia a la que se ha recurrido con demasiada frecuencia y que puede dar ciertos resultados en primeros lectores, pero que está condenada a fracasar cuando llega la durísima prueba de la adolescencia (qué interés puede tener para un adolescente una actividad vinculada exclusivamente al ámbito escolar?)».

Esta breve anotación de Carlos Sala, recogida por Pere Martí y Bertran en su artículo La biblioteca personal: una reivindicación, nos viene genial para empezar a hablar del tema que aquí nos atañe: la promoción cualitativa de la lectura.

Puede que el concepto parezca artificioso pero tiene todo el sentido del mundo. Podríamos pensar que la promoción de la lectura se basa en conseguir que el niño lea mucho. Y sí, en parte es eso. Sin embargo, la mayoría de especialistas apuntan que el hábito lector no sólo es una acumulación de lecturas. Es esencial entender que, efectivamente, no se puede pensar en el hábito lector si no es como un proyecto en el tiempo. Pero podríamos decir que el hábito se sustenta sobre tres patas (que ya sabemos que es la forma más estable de soportar una superficie): la constancia (basada en una acumulación de lecturas y una cierta perdurabilidad y periodicidad en el tiempo) pero también un criterio basado en la diversidad (¿es capaz el niño de leer cosas diversas? ¿Lee siempre lo mismo?) y, finalmente, el hábito lector también tiene que ver con la valoración de las obras, es decir, las competencias que tiene ese lector para hacer lecturas críticas.

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¿Y cómo se puede fomentar esta capacidad crítica del niño para hablar de libros? La respuesta puede parecer una obviedad, pero a través de la conversación literaria. Como indica Chambers en su libro Dime: Los niños, la lectura y la conversación, probablemente el texto de referencia cuando hablamos de conversación literaria, no tenemos que buscar la conversación por la conversación sino que ésta juega un papel esencial en los lectores , que aprenden a discriminar, a pensar y a disfrutar de la literatura. La conversación literaria es «el mejor entrenamiento que existe para hablar bien de otras cosas. De modo que, ayudando a los niños a hablar de sus lecturas, los ayudamos a expresarse sobre el resto de su vida » asegura Chambers.

La diferencia entre niños que tienen la conversación literaria asociada a su hábito lector y los que no es espectacular. Aquí en Cataluña tenemos la suerte de contar con proyectos educativos como los impulsados ​​por Lara Reyes en la Escuela Cesc Aldea de Terrassa, que no sólo han implementado un tiempo semanal de conversación literaria sino que han basado el proyecto educativo del centro en la lectura. Y se nota en el dominio que tienen aquellos alumnos no sólo del metalenguaje para hablar de las lecturas, sino también en la riqueza léxica y la competencia comunicativa en general.

Chambers, aunque desarrolla toda una metodología para llevar a cabo la conversación literaria, se dirige al ámbito educativo. Y, aunque la conversación literaria podríamos pensar que es competencia de la escuela, hemos empezado este artículo subrayando la importancia de que todos los agentes de promoción de la lectura vayan a una. Y aquí la familia no se puede desvincular. Joan Portell, especialista en promoción de la lectura indica, tanto en su tesis doctoral como en su libro de carácter más divulgativo (Llegim? Com fer lectors entusiastes, 2017), que la familia es el agente que más influencia tiene en el futuro lector de los niños. La escuela puede salvar a los que no reciben esta promoción lectora desde casa de su desaparición pero ni mucho menos compensa los resultados de una familia que sí la promociona.

En sus estudios, Joan Portell ha podido ver una relación entre el pasado lector del niño y los estudios superiores que desarrollará posteriormente. Hechos como el contar cuentos, tener presencia de libros en casa y poseer una biblioteca personal al alcance van directamente ligados a los resultados académicos posteriores. Por ello, puede ser interesante como familias ser conscientes de que, además de la hora del cuento, tenemos que hacer que los libros sean algo natural y presente en sus vidas y la conversación literaria es una buena manera de lograrlo.

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La educación está cambiando y el proceso de aprendizaje se considera igual o más importante que el hito al que hay que llegar y en la educación literaria no es diferente. Ya no estamos hablando de memorización sino de interpretación, que debería derivar en un mayor disfrute de la lectura. Felipe Munita y Mireia Manresa, ambos investigadores GRETEL, grupo de Investigación de literatura infantil y juvenil y educación literaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​en el artículo La mediación en la discusión literaria no sólo manifiestan la importancia de esta práctica y la responsabilidad del mediador sino que también dan unas pautas que seguro pueden servir para orientar a los futuros responsables de la práctica. El mediador, aunque podría parecer una palabra cargada de profesionalidad – y lo es – la describen como el encargado de gestionar interacciones y guiar en el proceso de aprendizaje. Sin embargo, debemos dejar de vincularlo al papel del maestro en exclusiva. Si después de leer un cuento intentamos comentar la lectura comprobaríamos que podemos hablar de libros con nuestros hijos como hablamos del tiempo o sobre lo que han hecho en la escuela.

Según los dos especialistas, la actividad mediadora debe ser cercana, afectiva y acompañada. Hay un diálogo de confianza, un entrenamiento de la mirada, un despertar de la autoestima, y ​​dotar al niño de estrategias de aprendizaje. Este último puede ser nos escapa un poco de las manos pero no nos parece que las bases se pueden llevar a cabo de manera especialmente relevante en el hogar? ¿Qué clima hay de más confianza para el niño que éste?

No se trata, en ningún caso, de comerse la tarea del maestro, que es vital en el desarrollo del niño como lector competente sino de asumir como padres que somos parte de este engranaje, de acompañar el niño más allá de la hora del cuento; seguir teniendo un papel activo en su formación incluso cuando ya hace lectura autónoma. Porque la lectura, además de ser un acto íntimo y privado, un espacio de disfrute, es también un elemento de socialización, y la conversación es una buena manera de mostrarlo. Puedes compartir con el niño no sólo preguntas sobre lo que ha leído y lo que le ha parecido sino incluso hablar de tus lecturas e impresiones, lo que enriquecerá la bilateralidad de la conversación. Porque hablar de libros consolida el contenido leído, el niño gana en competencia crítica, en metalenguaje (principalmente si se trabaja en el aula) y sobre todo en autoestima lectora.

No sólo se trata de leer mucho, sino de leer mejor.

 

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