Monográficos

T. S. Eliot | Marc F. Cuyàs

Escrito por: Marc F. Cuyàs

Una cita

«only is here / The white flat face of Death, God’s silent servant, / And behind the face of Death the Judgement / And behind the Judgement the Void, more horrid than active shapes of hell»

[Murder in the cathedral, 1935]

«queda tan solo / la blanca cara de la Muerte, el callado siervo de Dios, / y tres la cara de la Muerte el Juicio / y tres el Juicio el Vacío, más horrible que las vivas formas del infierno».

[Muerte en la catedral. Traducción de Andreu Jaume]

Dos libros

El primero, y que no puede no estar en esta selección, es The Waste Land. El famosísimo poema de Eliot considerado por muchos su obra más importante. Un largo poema hermético, complicado, de imágenes confusas pero que, a su vez, mientras nos muestra la desolación de la Primera Guerra Mundial, es extrañamente transparente.

 Sí, de acuerdo, no es el poema El flam («quin reclam!») de Martí i Pol y es necesario un buen rato para digerirlo y llegar a la única conclusión posible: menuda maravilla! Además, no sé si soy yo, pero la poesía en inglés suena tan fina al oído… Imposible no recordar cada día durante las semanas previas de Sant Jordi los primeros versos: «April is the cruellest month, breeding / lilacs out of the dead land […]». Por eso os recomiendo la versión de Lumen, bilingüe, y con una traducción que creo le hace justicia.

Me gusta leer

En segundo lugar, y barriendo para casa, os recomiendo Murder in the Cathedral. Todo el mundo recuerda el Eliot poeta, pero casi siempre se olvida el Eliot dramaturgo. Hacia el final de su vida, Eliot abandonaría la poesía para dedicarse por completo al teatro escribiendo piezas capitales como ésta. En catalán o castellano es difícil de encontrar y solo está disponible actualmente, a modo de apéndice, en Cuatro Cuartetos de Lumen. En catalán hay una edición descatalogada de algunas de sus obras, incluyendo por supuesto Assassinat a la catedral, pero, una vez más, creo que es mejor la traducción de Andreu Jaume (teniendo la virtud extra de ser bilingüe).

¿Qué tiene Eliot?

Eliot tiene muchas cosas: es uno de los grandes exponentes del Modernism inglés, un gran amante de la parodia y el humor, uno de los críticos más sagaces de la primera mitad del siglo XX, renovador de la poesía moderna, editor de Faber and Faber (publicó, entre otros, a W. H. Auden)… Quizás por todo esto, Eliot acostumbra a no caer demasiado bien hoy en dia: es la quintaesencia del hombre blanco, rico, cristiano, europeo, humanista (en el mal sentido de la palabra) elitista… Pero si hay una cosa que me gusta de él es, sin duda alguna, la capacidad intelectiva de comprender la religión. Eliot, anglicano convencido, era profundamente religioso y vivía su fe desde la razón. La espiritualidad está presenta por todas partes y creo que es una buena lectura para personas con crisis existenciales de tipo espiritual. De hecho, la cita que he escogido ya va en esta línea. La religiosidad (que no la religión) impregna por completo toda su obra.

Por esta razón su obra está inundada de citas de Dante, la Bíblia, San Agustín, mantras budistas…: es fuertemente intertextual. Este es el otro elemento que más me gusta. Como toda obra pretendidamente intertextual está repleta de tesoros que el lector debe encontrar. Si no las encuentra no pasa nada, es prácticamente imposible encontrar todos los secretos, pero si lo hace se despliegan gran cantidad de sentidos, múltiples, complejos y contradictorios. Eliot, obsesionado por el paso del tiempo ((«Time present and time past / are both perhaps present in time future, / and time future contained in time past. / If all time is eternally present / all time is unredeemable», Four Quartets, v. 1-5) mantiene una relación especial con la tradición, con los textos pasados: los busca y los trata como textos presentes, como textos propios, como textos de nadie.

Un personaje

Pese a que podría haber escogido a Flebas el Fenicio ( de la cuarta parte de The Waste Land), escojo el protagonista de Murder in the Cathedral, inspirado en Sir Thomas Becket, arzobispo de Canterbury. El Becket histórico (1118-1170) era consejero y amigo de confianza del rey, quien lo hizo arzobispo pensando que así el poder secular podría controlar el poder eclesiástico. Becket no obstante, una vez consolidad su poder en la Iglesia, desafía al rey reclamando la separación total de poderes. El rey lo condena al exilio, pero Becket vuelve para defender sus ideales: la obra de Eliot se basa en sus últimos días de vida antes de ser asesinado por los hombres del rey.

Becket es un hombre orgulloso y para nada modélico, tentado con la posibilidad de morir, no por unos ideales, sino como mártir con la única voluntad de ser considerado santo. No es casualidad que la palabra «pride» la utilizan todos los personajes para refererirse en algún momento a Becket. Es el gran personaje trágico convertida en un funesto títere cómico. Toda la obra es un intento de tragedia (con su coro, la hybris, su lenguaje elevado, el final fatal, escrita en verso…) pero no puede sino ser cómica culminando con una parábasis lamentable.

Si os ha gustado Eliot, os gustará…

En su día, cuando hice el monográfico de Dante, recomendé a Eliot (recordemos que Eliot consideraba mucho mejor a Dante que a Shakespeare, por ejemplo) pero ahora os recomendaré dos más que no os dejaran fríos. En primer lugar, el maestro poético de Eliot, Ezra Pound.

Pound, considerado por Eliot como il miglior fabbro a la manera dantesca, es un autor, si cabe, aun más difícil que su discípulo, una personalidad extraña y filofascista. Pero si os gusta Eliot os gustarán sus Cantos. Encontraréis una edición de los Cantos pisanos maravillosa en Adesiara, bilingüe y traducida por el inmejorable Francesc Parcerisas.

El otro autor que os recomiendo es Nikos Kazantzakis, autor griego de la misma generación que Eliot. Desde que lo conocí el año pasado se ha convertido en uno de mis autores de cabecera. Kazantzakis es capaz como nadie de mostrar las contradicciones espirituales de una época tan compleja como la primera mitad del siglo XX.

Solo os digo que era profundamente religioso (sentía una admiración por Cristo difícil de explicar) pero a a vez era profundamente nietzscheano militando en las doctrinas del filósofo alemán. ¿Cómo creer en Dios si estás convencido de que ha muerto? (si algún día hago el monográfico de Kazantzakis os contaré su respuesta a esta pregunta). Os recomiendo cualquiera de sus libros (¡cada vez aparecen más traducciones!) pero principalmente Zorba el griego (Acantilado) y L’última temptació de Crist (Adesiara), libro por el que fue excomulgado y por el que no pudo ser enterrado en un cementerio cristiano.

FOTO DESTACADA: Harvard

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