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Intertex… ¿qué?: lectura como paranoia

“Intertextualidad: relación de copresencia entre dos o más textos, de tal modo que uno/s figura/n incardinado/s en el otro, con o sin mención o referencia, esto es, de forma explícita o no”- Anònim (o no)

Para mí, la intertextualidad es un término “operativo”, un concepto que me ayuda más que otros para entender, para asimilar los textos literarios. Como ya he dicho alguna otra vez, todos debemos buscar las herramientas que nos sean más útiles para profundizar en la literatura sin pretender que solo una sea válida. En mi caso, la intertextualidad siempre la tengo en la mesita de noche por si necesito iluminar algún libro.

Lizara comentó en otra entrada que la poesía no es un cofre con siete cerraduras que sea necesario abrir para llegar al sentido, aunque, a mi entender, quizás sí lo es. Entiendo que el cofre sí tiene siete cerraduras, pero son cerraduras inútiles: el cofre ya está abierto. Podemos abrirlo directamente, coger lo que consideremos oportuno e irnos. No obstante, para mí, lo que me gusta más es entretenerme con un alambre para forzarlos. Lo más importante para mí no es el destino: es preferible que la travesía dure muchos años.

Estas cerraduras imaginarias son los trozos de otros textos escondidos dentro de un nuevo texto: textos antiguos que el autor leyó en algún momento y que aprovecha para construir el suyo. Todo texto está construido como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto. Todos los textos literarios surgen de otros textos literarios, cada palabra, frase o segmento es una nueva manera de entender otros escritos que lo preceden o que lo rodean.

Este procedimiento se ha utilizado a lo largo de los siglos y no ha pasado nunca nada: hacer aparecer citas sin citarlas es un juego inocente, divertido, tímido. Este mecanismo tiene que ver directamente con el concepto de tradición: es necesario recurrir a ella para saber qué textos son útiles y qué textos no lo son. Ninguna obra, por iconoclasta u “original” (¿qué significa exactamente esta palabra?) que sea, viene al mundo de novo. Incluso el más aislado y solipsista de los creadores es prisionero de la tela de araña de la selección y el montaje. Pero no nos confundamos: el autor puede ser consciente o no de esta selección de fragmentos que ha leído.

Es inevitable que las lecturas dejen un poso, un fermento en todos y cada uno de nosotros. Es precisamente por eso que no nos tiene que interesar si el autor es consciente de esto: nos da igual si citó a propósito un versículo bíblico o lo puso de forma inconsciente. Volviendo a la metáfora del cofre: no nos interesa si el autor cerró las cerraduras de manera más o menos complicada. Solo nos tiene que interesar una cosa: si nosotros, como lectores, somos capaces de abrirlos.

Cada generación de lectores lee las obras de manera distinta y quizás yo, cuando lea un texto de X, encontraré una cita de Y y, por lo tanto, a partir de ese momento asociaré a X con Y aunque quizás, no lo sé, no se leyeron nunca. Por lo tanto, la intertextualidad es la percepción de las relaciones entre dos obras, no la voluntad de un autor de relacionarlas. La interpretación de un texto radica en que uno mismo se sitúe, a la hora de interpretar, en un proceso de tradición. Leer, por lo tanto, se convierte en un proceso de nadar entre textos.

La apreciación que hacemos de un poeta es en realidad la apreciación de la relación que mantiene este con los poetas y los artistas muertos. No podemos valorarlo en sí mismo; lo tenemos que colocar, por contraste y comparación, entre los muertos. Os pondré un ejemplo: en un libro de Calvino podemos encontrar una cita (no citada) de Crimen y castigo de Dostoievski. Tenemos que entender, por lo tanto, que hay un océano hecho de letras que se van combinando para crear cosas nuevas.

La frase de Dostoievski dentro de un libro de Calvino tiene un significado radicalmente distinto del sentido que tenía en el libro del autor ruso, pero el nexo existe y verlo nos ayuda a disfrutar de la complejidad y la sutileza de las relaciones literarias. En este sentido, no podemos valorar a Calvino en sí mismo, sino que es necesario ponerlo entre Dostoievski y Perec, los cuentos populares italianos y todo lo que hizo servir para crear sus poéticas y que nosotros hemos sabido percibir. EL lector es el espacio en que todas las citas que crean la escritura se inscriben sin que ninguna se pierda; la unidad del texto radica no en su origen sino en su destinación.

Al fin y al cabo, los libros siempre nos hablan de otros libros y cada historia explica una historia ya contada. Los libros hablan entre ellos. Este procedimiento, como ya os he dicho, se ha utilizado desde los orígenes de la literatura (Virgilio mira hacia Homero, Shakespeare mira hacia Séneca y Galdós mira hacia Cervantes) pero es un recurso muy propio de la postmodernidad. Los autores postmodernos entienden que todo lo que se podía decir ya se ha dicho, que la literatura se ha agotado: no vale la pena intentar decir cosas nuevas, ya solo se puede jugar y reconstruir aquella ya dicho para cambiar su significado. Es una manera de entender la creación literaria como un juego inocente, sin problemas, sin compromisos.

El postmodernismo no tiene por objeto ni la destrucción de las formas modernas ni el resurgimiento del pasado, sino la coexistencia pacífica de estilos, aligerar la irritación que provoca la oposición entre tradición-modernidad y es así como nacen autores como Umberto Eco, John Barth, Amélie Nothomb… En este sentido, gran parte de la obra de Joyce ya anuncia todo esto. Como también os comenté en otra entrada, T. S. Eliot añadió unas notas a pie de página para explicar las referencias intertextuales en The Waste Land: esto es un síntoma de la ansiedad de Eliot para dar a conocer los intertextos que utilizó. El postmodernismo es pues un modernismo que ya no siente esta ansiedad.

De todas formes, no debemos ser ingenuos y creer que esto solo se da entre textos: películas, sinfonías, edificios, pinturas, constantemente se hablan las unas a las otras, así como también lo hacen con las otras artes. Leer utilizando la intertextualidad como herramienta implica volverse un poco paranoica. “Esto ya lo he leído en otro lugar…”, “seguro que esto es una cita, pero no sé de qué…”, “¡Ja! ¡Esto lo has sacado de este libro! ¡Te he pillado!”. Al final, cualquier huevo que encontremos en una novela nos hará pensar en el Humpty Dumpty de Alicia en el país de las maravillas. Cualquier tormenta será la tormenta de El rey Lear, que aparece inesperadamente para dejarnos tan empapados como al propio rey Lear, como una sombra de este rey. ¿Estímulo o menosprecio a través de la repetición?

El ejemplo supremo: Uptwon Funk de Ronson y Mars. Es al obra maestra de la intertextualidad de los últimos años. Esta canción, que todo el mundo ha escuchado, es un collage de fragmentos, citas, melodías y ritmos de música funk y soul de los 70. Hay referencias a Trinidad James, James Brown, Prince, Michael Jackson, The Gap Band, The Sequence, Quincy Jones, Kool and the Gang, The Sugarhill Band, Earth, Wind and Fire… ¡y muchas más! El propio Mark Ronson ha declarado muchas veces su propósito de crear una pieza intertextual.

No obstante, es posible que no supieras todo esto, pero estoy seguro de que no saberlo no te ha privado de disfrutarla, divertirte y darlo todo en la pista de baile. Esto es la intertextualidad: todo vuelve a empezar, todo empieza, todo acaba.

P.S.: en este artículo, un tercio de lo que está escrito no es mío: el 35,51% de lo que has leído son citas conscientes. Pensabas que me estavas leyendo a mí, pero has leído a Barthes, Eco, Steiner, Kristeva, Perec, Aparicio, Canetti, Riffaterre, Lipovetky, Lethem, Eliot, Gadamer, Allen, Sanchis Sinisterra, Meseguer… Qué corresponde a quién ya lo tenéis que decidir vosotros. ¿Plagio? ¿Imitación servil? ¿Hurto? Quizás sí. Quizás no.

 

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